Todo conocimiento es vital para el provecho de las sociedades. La objetividad en la adquisición de nuevos conocimientos y su aprovechamiento derivada del acrecentamiento de las actividades científicas y tecnológicas se ha vuelto subjetiva en tanto que estratégicamente importante y sin precedentes para el desarrollo de la sociedad internacional.

El conocimiento es considerado como un factor clave para el actual desarrollo económico mundial, por ende, su valor es considerado a partir de la efectividad y fructificación comercial vinculada de modo directo con procesos de innovación y de competitividad exigidos por el mercado internacional. Tal es la trascendencia de la concepción del conocimiento respecto al “impacto sobre la competitividad de los Estados” o como “la fuerza más importante del desarrollo económico”, que no queda lugar a dudas: el conocimiento se ha convertido en un común denominador en el mundo contemporáneo.

En otras palabras, las producciones contemporáneas de ciertos conocimientos científicos y tecnológicos han incidido en las transformaciones sociales en todas las dimensiones espaciales, desde lo local hasta lo global, tanto como en la orientación que ha seguido el rumbo y la conformación de la fase actual del capitalismo y de la mundialización.

Era del Conocimiento
Era del Conocimiento

Asimismo, la apreciación que recae en el producto cognoscitivo está también relacionada directamente con una serie de cambios estructurales de índole heterogénea, esencialmente económicos, políticos, sociales y culturales, que fueron conformándose durante las décadas de los años sesenta y setenta del siglo anterior, especialmente en Estados Unidos de América, y que a su vez tuvieron cabida a partir de la “revolución de la tecnología de la información”, llamada así por Castells.

La intensificación en el uso de los flujos de información, apoyado por el soporte de las tecnologías de la información y la comunicación, TIC, desarrolladas desde los años sesenta, ha incidido en la consolidación de formas nuevas y alternas de organización social mismas que constituyen el inicio de una nueva fase en el desarrollo de las sociedades, tal como lo advierten algunos autores.

En estas condiciones, asistimos a la configuración gradual de una nueva era caracterizada por la importancia económica conferida a la información, al conocimiento y a la innovación producida como fruto de una serie de interacciones entre diversos sectores de la sociedad que son considerados estratégicos para lograr que las economías locales cumplan con los estándares internacionales de competitividad y de éxito que reclama el mercado global.

Ingresamos a lo que puede llamarse la “era del conocimiento”, pues en ella las producciones de conocimiento están estableciendo paulatinamente nuevas formas de orientar la organización económica, política, social y cultural de las sociedades en el mundo. Y es en este momento cuando conviene señalar que esta aludida “era del conocimiento” difiere de la “era de la información” de Castells.

En el centro de la “era de la información” el autor español coloca la importancia y las implicaciones tanto de la conformación de la infraestructura tecnológica y comunicativa en las sociedades contemporáneas como de los fenómenos relacionados con su capacidad para distribuir la información.(Castells la menciona como la emergencia la “sociedad red” y sus implicaciones. Véase Manuel Castells. (2005) La era de la información. Economía, sociedad y cultura. La sociedad red, México, Siglo XXI, vol. I, p. 47, n. 33.) Por su parte, la “era del conocimiento” se presenta como una nueva fase social en la que pueden encontrarse una serie de nuevos fenómenos sociales relacionados con las formas y las implicaciones de producir, usar, distribuir y capitalizar los conocimientos producidos por los agentes, además de los elementos que son característicos de la ya citada “era de la información”.

La mención de “era del conocimiento”, referida como una nueva fase superpuesta a la “era de la información”, requiere varias precisiones conceptuales, primeramente la del concepto de “era”; en segundo lugar, al espacio temporal tan corto, relativamente, que ha transcurrido entre la elaboración de un concepto y el aquí planteado.

Al hacer referencia a la “era del conocimiento” se pretende considerar una serie de fenómenos que no son contemplados bajo la noción de la “era de la información” y sin embargo, no se presupone que esta última haya desaparecido.

Desde esta óptica, los fenómenos sociales y los nuevos cambios organizacionales que tienen lugar en la era del conocimiento son una consecuencia de aquéllos que constituyen la “era de la información”. Con sólo mencionar “era del conocimiento” se motiva la unión de los elementos que conforman la “era de la información” aunados a las diversas implicaciones que el auge de la información tiene dentro de las producciones de conocimiento.

Baste mencionar que entre los fenómenos que indudablemente están ligados a “era del conocimiento” es fácil considerar aquél relacionado a la relativamente reciente conformación de los mercados del conocimiento. La estructura organizativa de ellos está dada a partir (A) de las necesidades forjadas en el contexto de la globalización económica y (B) de la valoración en términos económicos que recae sobre el conocimiento, la innovación y la competitividad. La conformación de los mercados del conocimiento incide directamente en los modos de producción, distribución, utilización y capitalización de los conocimientos.

Es preciso ya puntualizar que conocimiento e información no son lo mismo. Información se generaliza como los datos que se organizan y comunican,(Ibidem, pp. 41-45.) se especifica como el “conjunto de datos estructurados y formateados pero inertes e inactivos hasta que no sean utilizados por los que tienen el conocimiento suficiente para interpretarlos y manipularlos”.(Cf. Paul A. David y Dominique Foray. (2002) “Una introducción a la economía y a la sociedad del saber”, Revista Internacional de Ciencias Sociales, OEI, s/l, núm. 171, pp. 7-28.) Conocimiento, se concibe como “la capacidad para realizar actividades manuales o intelectuales”,(Idem.) es decir, como una capacidad para actuar, asociado a una actividad concreta y práctica, mismo que potencia nuevas oportunidades de acción.

Es pertinente considerar un elemento trascendental en las nociones sociológicas del conocimiento: se trata de su relación íntima y directa con el concepto de interés. A partir de la noción de conocimiento como acción, capacidad, potencialidad para dominar, las relaciones entre conocimiento e interés, establecen parte elemental de las explicaciones sociales y geopolíticas sobre el conocimiento.

Ciertamente ambos conceptos, conocimiento e información, conllevan múltiples implicaciones que requieren un tratamiento transdisciplinario. Igualmente cierto es que se acepta momentáneamente que estas recientes oportunidades de acción que pueden ser derivadas de los flujos de información que circulan a través de las TIC configuran las nuevas formas de organización social que instituyen la “era del conocimiento”.

En suma, para términos del presente trabajo, se considera información como el cúmulo de datos producidos y transmitidos socialmente a través agentes y medios materiales. Dichos datos son susceptibles de ser interpretados y reinterpretados, resultando del contexto cultural, y transformados eventualmente en creencias, saberes y conocimientos.

Asimismo, se reconoce conocimiento como la capacidad(Desdoblada sobre principios y valores, tales como la libertad, la democracia, la ética.) derivada de los flujos de información, empleada para la realización de un conjunto de prácticas impulsadas por las estructuras dinámicas de un cierto contexto cultural. En otras palabras, es un acervo de creencias justificadas socialmente que inciden directamente en las disposiciones de acción de los agentes que, a la vez, imprime racionalidad a las acciones, y por ende, legitimidad.

Retomando que la “era de la información”, por las formas de distribución de la información, ha derivado en la conformación del concepto de “sociedad de la información”, SI, se ha considerado pertinente hacer un alto para describirla con el objetivo de seguir argumentando nuestras conceptualizaciones.

La sociedad de la información es una sociedad en la que la creación, distribución y manipulación de la información forman parte importante de las actividades culturales y económicas, siendo considerada como la sucesora de la sociedad industrial. Relativamente similares serían los conceptos de sociedad postindustrial, (Acuñado por Daniel Bell.) postfordismo, sociedad postmoderna, sociedad del conocimiento, entre otros, pero que no son lo mismo.

Una de las primeras personas en desarrollar un concepto de la SI fue el economista Fritz Machlup. La frase fue empleada por primera vez en “La producción y distribución del conocimiento en los Estados Unidos”,(Fritz Machlup. (1962) The Production and Distribution of Knowledge in the United States, Princeton, Princeton University Press.) en donde concluía que el número de empleos que se basan en la manipulación y manejo de información es mayor a los que están relacionados con algún tipo de esfuerzo físico.

Sin embargo, la concepción actual de lo que se entiende por SI es influjo de la obra del sociólogo Yoneji Masuda, en “The Information Society as Post-Industrial Society”. Y aun cuando no existe un concepto universalmente aceptado de SI, los autores concuerdan en que alrededor de la década de los años setenta se inició un cambio en la manera en que las sociedades funcionan. Este cambio se refiere básicamente a que los medios de generación de riqueza poco a poco se están trasladando de los sectores industriales a los sectores de servicios. Id est, se supone que en las sociedades desarrolladas, la mayor parte de los empleos ya no estarán asociados a las fábricas de productos tangibles, sino a la generación, almacenamiento y procesamiento de todo tipo de información. Los sectores relacionados con las TIC desempeñan un papel particularmente importante dentro de este esquema.

Algunos autores sugieren que este modelo de desarrollo tuvo un origen más preciso veinte años más tarde, en el llamado Consenso de Washington, en el que el grupo de los países desarrollados definieron algunos de los principales lineamientos económicos que habrían de adoptarse para enfrentar el problema de los llamados “países en vías de desarrollo” y el fracaso de sus economías.

Algunas de las acciones derivadas de este acuerdo y que se han observado en todo el mundo occidental, son: (A) La privatización de las industrias de las telecomunicaciones, (B) la desregulación del mercado de las telecomunicaciones y (C) la búsqueda del acceso global a las TIC.

Muchos críticos han señalado que la llamada SI no es sino una versión actualizada del imperialismo cultural ejercido desde los países ricos hacia los pobres, especialmente porque se favorecen esquemas de dependencia tecnológica. Razón por la que ya se ha calificado previamente como “gatoparda”.

Quienes están a favor de la SI sostienen que la incorporación de las TIC en todos los procesos productivos, ciertamente facilita la inserción en los mercados globales, donde la intensa competencia obliga a reducir costes y a ajustarse de manera casi inmediata a las cambiantes condiciones del mercado.

En todo caso, aun quienes se muestran optimistas con respecto a la SI, admiten que la brecha digital es uno de los principales obstáculos en este modelo de desarrollo. A grandes rasgos, este fenómeno se refiere a todos aquellos sectores que permanecen, por muy diversas razones, al margen de los beneficios y ventajas asociados a las TIC.

El reto para los individuos que se desarrollan en todas las áreas de conocimiento es vivir de acuerdo con las exigencias de este nuevo tipo de sociedad, estar informados y actualizados, innovar, pero sobre todo generar propuestas y generar conocimiento, conocimiento que surge de los millones de datos que circulan en la red dentro de redes de contactos.

De acuerdo con la declaración de principios de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, CMSI, llevado a cabo en Ginebra, Suiza en 2003, la sociedad de la información debe estar centrada en la persona, debe ser integradora y estar orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas; en otras palabras, está centrada en los aspectos sociales de la Sociedad de la Información1 y en eliminar la brecha digital, digital divide, existente en el acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones en el mundo, específicamente las TIC, y preparar planes de acción y políticas para reducir dicha desigualdad. Continuando por la línea trazada, se prosigue con la “era del conocimiento”.

En ella se están concibiendo nuevas formas de organización social relacionadas directamente con las formas de producir conocimiento, tanto como surge la noción de “sociedad del conocimiento”.

La SC es un modelo social idealizado que ofrece conducir a los países emergentes hacia el desarrollo económico necesario para cerrar las brechas y las desigualdades socioeconómicas existentes en el mundo de manera exitosa. La exposición de esas características y la oferta del modelo es objeto del siguiente apartado.

By jolusafe5

Apasionado por los temas educativos, ciencias sociales y tecnología. Ingeniero en Computación y Sistemas por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) . Maestría en Informática Aplicada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Estudiante de Maestría en Inteligencia Artificial por ALINNCO.

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