Un modelo que integre el uso y apropiación de Internet en el ámbito educativo, debe proponerse en primera instancia, romper las tres unidades tradicionales de la escuela: la unidad espacial [el aula]; la temporal [horarios, programas curriculares]; y la del contenido, centrada en las asignaturas o áreas. Todo lo cual involucra la transformación de información en conocimiento.

Sin embargo, usualmente Internet se usa en educación para repetir patrones educativos que nada tienen que ver con el contexto actual y la revolución educativa iniciada con las teorías del aprendizaje significativo y de la construcción del conocimiento. Por ejemplo, transmitiendo información unidireccionalmente, sin modificar la estructura vertical de la enseñanza tradicional, donde el profesor es el portador del saber o en su defecto la computadora conectada a la red mundial; circunstancias que nada tienen que ver con la referida horizontalidad comunicativa.
También se da el caso en que las TIC se emplean en las escuelas como parte de una moda o cliché. Por ejemplo el lugar común indica que gracias al Internet y a las computadoras se facilita la comunicación o se informa mejor a la población. Pero si revisamos las estadísticas, el promedio del Índice de Acceso Digital [IAD] en el mundo oscila entre los niveles medio bajo [0.49 a 0.30] a bajo [0.29 a 0.04](Unión Internacional de Telecomunicaciones [UIT], 2003); dato que en los países pobres se incrementa notablemente. Luego, en un mundo con exceso de información resulta muy complicado el simple hecho de seleccionar y analizar la que ya tenemos.
Con un medio como Internet, esta labor se multiplica exponencialmente y exige estrategias de selección, búsqueda, análisis, procesamiento y transformación en conocimiento, acordes a los objetivos que se pretenden, al grado educativo, etcétera.
Los lugares comunes, que señalan a las TIC como promotores y catalizadores de la educación; además de un empleo reduccionista de la comunicación, refutan la promoción y desarrollo de la verdadera capacidad de aprender a aprender, tan proclamada desde los ámbitos oficiales.
Junto con estos determinismos tecnológicos encontramos otro uso malinterpretado de estas tecnologías en el mundo de la educación, al momento en que se confunde conceptualmente a la interactividad y la interacción de Internet y las computadoras. Interactividad es participar activamente por medio de una máquina. Interacción es el proceso generado entre seres humanos.
En este sentido, Internet es “el sistema operativo que permite interactuar y canalizar la información sobre qué pasa, dónde pasa, qué podemos ver, qué no podemos ver, y ser, por tanto, el sistema interactivo del conjunto del sistema multimedia…Un medio de comunicación masivo, continuo e interactivo que permite el acceso de sus usuarios. “ (Gabelas, 2002, p5).
En consecuencia, si pretendemos que Internet y las computadoras [las TIC en general] se sumen adecuadamente al ámbito educativo formal de nuestro país, hay que considerar que la escuela debe integrarse al nuevo espacio social denominado “El Tercer entorno” (Echeverría, 2000), el entorno virtual en un proceso de cambio y renovación hacia un nuevo sistema educativo.
J. Echeverría (2000, p.2) define a este entorno como:
“un nuevo espacio social con una estructura propia, a la que es preciso adaptarse. El espacio telemático, cuyo mejor exponente actual es la red Internet, no es presencial, sino representacional, no es proximal, sino distal, no es sincrónico, sino multicrónico, y no se basa en recintos espaciales con interior, frontera y exterior, sino que depende de redes electrónicas cuyos nodos de interacción pueden estar diseminados por diversos países. De estas y otras propiedades se derivan cambios importantes para las interrelaciones entre los seres humanos, y en particular para los procesos educativos… el tercer entorno no sólo es un nuevo medio de información y comunicación, sino también un espacio para la interacción, la memorización, el entretenimiento y la expresión de emociones y sentimientos. Precisamente por ello es un nuevo espacio social, y no simplemente un medio de información o comunicación”.
Cuando pretendemos emplear a las tecnologías de la información y la comunicación en la escuela, no sólo basta con adquirir la herramienta y ponernos a usarla indiscriminadamente, como en algunos sectores de nuestro país ha comenzado a generalizarse. Es necesario considerar una revolución educativa que parta primero de la transformación de la práctica educativa tradicional, que al mismo tiempo se centre en el diálogo como motor, en la construcción del conocimiento y significación de aprendizajes como estrategias, y en la utilización de Internet [entre otras], como herramienta tecnológica en el aula y más allá de ésta.


