Telecomunicaciones, globalización y acumulación capitalista.

 

Como es ampliamente reconocido, las telecomunicaciones, adscritas al ámbito de las TIC’s, constituyen agitadores económicos de primer orden, ya sea en el impulso que representan para el incremento de la eficacia en el proceso productivo, al favorecer la formación y crecimiento de nuevos sectores industriales, o al impulsar la adopción de modelos para las organizaciones cuyo objetivo se concentre en mejorar la explotación de las nuevas posibilidades de producción y distribución de la información(Véase Domonique Plihon, El nuevo capitalismo, México, Siglo XXI, 2003.).

Multiculturalismo
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De hecho, actualmente el sector constituye un importante vehículo de expansión de las relaciones de producción del “capitalismo global”. Las telecomunicaciones forman parte de la infraestructura esencial del nuevo paradigma productivo, ya sea al reducir los tiempos y costos de la circulación mercantil, al conectar los espacios de la producción o al propiciar el surgimiento de actividades y mercados nuevos.

A este respecto, resultan ilustrativas diversas cifras sobre el papel económico y desarrollo actual de las telecomunicaciones. Por ejemplo, un dato referido por el ya citado D. Winseck (2001), señala que, como parte de las industrias de la comunicación y dimensión central de las economías nacionales, de las que son piedra angular, las telecomunicaciones rebasan ya por su envergadura e importancia económica a otros sectores de su ámbito, como los sectores informático y de la radiodifusión, así como al del cable en sus distintas combinaciones. Sin embargo, antes de detenerse en datos más amplios que documentan el relevante sitio que ocupan las telecomunicaciones en la economía mundial, resultan necesarias algunas consideraciones respecto al escenario bajo el cual el sector se ha visto impulsado: el escenario de la globalización.

El contexto histórico-material en el que emerge la revolución informacional es el de la globalización(Sobre el concepto de globalización, cabe señalar que no cuenta con una definición conceptual precisa en razón de la novedad y complejidad del fenómeno. Sin embargo, de entre el vasto escenario del debate sobre el concepto u naturaleza de la globalización, donde existe una variedad de enfoques, resulta útil apoyarse en el trabajo de Alejandro Dabat, quien a partir de la “convergencia básica” de las distintas posturas, extrae las coincidencias para ofrecer una caracterización útil sobre el fenómeno. Véase: Alejandro Dabat, “Globalización, capitalismo actual y nueva configuración espacial del mundo”, en Basave, Morera, Dabat et al., coords., Globalización y alternativas incluyentes para el siglo XXI, México, Porrúa, 2003.), que, de acuerdo con Basave constituye “un fenómeno orgánicamente vinculado al nuevo capitalismo ‘informático-global’, implicando en tal sentido una reconfiguración espacial del capitalismo, dada su complejidad y la presencia simultánea de múltiples niveles, es un proceso abierto e inacabado susceptible de diversas vías alternativas de concreción final”.(Jorge Basave, op. cit., p. 8.)

Diversos autores, aunque con diferentes matices, coinciden en entender la globalización como la etapa emergente del capitalismo avanzado. Ahora bien, aunque no existe un criterio unánime en términos de la existencia de lo que podría llamarse un “nuevo” capitalismo, o al menos del paso definitivo y contundente hacia otro estadio de tal modo de producción(Tal es la postura, por ejemplo, de Bernard Miége, quien señala: “… no estamos a punto de abandonar la era industrial – y la explotación del trabajo de los hombres -, sino que las actividades industriales e informacionales se articulan estrechamente en lo sucesivo, a tal punto que sin duda es ilusorio disociarlas” (1998).), prevalece el reconocimiento de la existencia de un proceso de restructuración capitalista evidente desde los primeros años de los ochenta que se traduce en el despliegue de la globalización, fenómeno en cuyo marco se incubó la revolución informacional. En este orden de ideas, puede decirse, con A. Dabat, que “la globalización no es otra cosa que la nueva configuración espacial de la economía y la sociedad mundial bajo las condiciones del nuevo capitalismo informático-global”.(Alejandro Dabat, op. cit., p.)

Ahora bien, siguiendo tal perspectiva, asimismo resulta importante reconocer que la globalización arranca de sustratos variados a ser tomados en cuenta metodológicamente para articular y comprender el fenómeno, resultante de varios factores; así pues, en su análisis habrán de incluirse no sólo las consideraciones de tipo económico, sino también las de carácter político, social y cultural, además de las tecnológicas y de comunicación.

De este modo, como afirma María de la Luz Casas, “…los órdenes económico, político, social, tecnológico y comunicacional que son puntos de anclaje o consideraciones teórico – metodológicas para la interpretación del fenómeno de la globalidad, son precisamente los planos en los cuales estamos observando una nueva recomposición de mapas de ordenamiento” (María de la Luz Casas Pérez, “Consideraciones y Consecuencias Metodológicas en torno a la Globalización y la Comunicación”, en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, México, UNAM, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, núm. 71, p. 41.), con nuevas formas de relación.

Existe asimismo actualmente una amplia discusión sobre el papel de las TIC’S en dicho proceso de restructuración capitalista traducido en la globalización. Así, al abierto determinismo tecnológico subyacente en los enfoques que consideran a las TIC’s como el motor de realidad histórica que aquélla constituye, se opone otra postura, que esgrime la existencia de un proceso de influencias mutuas entre la revolución informacional y el modelo económico que se abre paso.

En este sentido, es conocida la interpretación de Manuel Castells , quien a partir de la premisa de que “la tecnología no determina la sociedad”, como “tampoco la sociedad dicta el curso del cambio tecnológico”, advierte que son muchos los factores que intervienen en el proceso del descubrimiento científico, la innovación tecnológica y las aplicaciones sociales, de modo que “el resultado final depende de un complejo modelo de interacción”. (Manuel Castells, op. cit., p. 31.)

Sin embargo, más allá de tal debate, para los fines de este trabajo conviene concentrarse en el papel económico desempeñado por las TIC’s en tal proceso de restructuración capitalista, que expresado en la globalización, ha encontrado en las llamadas “nuevas tecnologías”, y particularmente en un sector de las telecomunicaciones, una herramienta a la cual se busca imprimir una orientación funcional a los propósitos de dicho sistema económico.

Se trata de un tema escasamente analizado de forma específica por los estudiosos del fenómeno de la globalización, a pesar de su innegable importancia en el desarrollo de dicho proceso. No obstante, algunos investigadores asumen tal problemática en términos generales.

El agotamiento del patrón fordista de acumulación, que movió a la restructuración capitalista de los ochenta y noventa, empujó a la búsqueda de procesos productivos más eficientes. Una puerta para ello fue el importante desarrollo de las TIC’s a partir de los setenta, que abrió paso a la automatización flexible de los procesos productivos, en especial con el uso creciente de redes de computadoras, en lugar de las anteriores condiciones de automatización rígida, especialización del trabajo en torno a la cadena de montaje y control burocrático del proceso.

En la explicación de Alejandro Dabat, antes citado, la transformación de las fuerzas productivas generó cambios importantes en el conjunto de las condiciones de la producción (automatización flexible, fraccionamiento de procesos productivos), así como del crédito, del consumo y el comercio, modificando también las relaciones entre bienes y servicios y la estructura del empleo, de la empresa y de las condiciones de la competencia, además de individualizar, al mismo tiempo que “mundializando” los patrones de consumo. El proceso está generando asimismo una división global del trabajo que redefine las relaciones entre países y regiones del mundo, además de dar lugar a un nuevo ciclo industrial, encabezado por el sector electrónico – informático y a una lógica diferente de la acumulación del capital.

Manuel Castells ofrece también una revisión general de dicho proceso económico, y señala que para abrir nuevos mercados, vinculando en una red global a segmentos del mercado de los países que sean involucrados, el capital requiere de “una extremada movilidad y las empresas necesitan incrementar espectacularmente sus capacidades de comunicación. La desregulación de los mercados y las nuevas tecnologías de la información, en estrecha interrelación, proporcionan esas condiciones”. (Idem., p. 111.)

Según el estudioso español, las mayores transformaciones que se presentan en el surgimiento de la economía global radican en la gestión de la producción y la distribución, así como en el proceso de producción en sí mismo. Así, los segmentos de avanzada de diferentes sectores económicos se organizan a escala mundial en sus procedimientos operativos reales, para impulsar un proceso productivo que incorpora componentes producidos en diversas sedes por empresas distintas, y ensamblados para propósitos y mercados específicos, en “una nueva forma de producción y comercialización: una producción de elevado volumen, flexible y personalizada”. (Idem., p. 123.)

Por otra parte, dicho sistema de producción se apoya en una combinación de “alianzas estratégicas” y proyectos de cooperación específicos entre grandes empresas, unidades descentralizadas de éstas y redes de pequeñas y medianas empresas conectadas entre sí o con empresas mayores. Se trata de “redes de producción transnacionales”, que funcionan a partir de dos configuraciones fundamentales identificadas por Gereffi: las cadenas de mercancías centradas en el productor y las cadenas de mercancías dirigidas al comprador. Dichos procesos exigen, entre otros factores, de una forma de gestión flexible, que implica el uso de tecnologías de la información en varias de sus fases.

Así pues, de acuerdo a Castells, la integración de los mercados y su proyección a una dimensión global son facilitados asimismo de modo importante por el segmento de las telecomunicaciones de las TIC’s.

De este modo, incorporando el conocimiento y la información en los procesos materiales de producción y distribución, y con las telecomunicaciones como soporte estratégico, la circulación del capital ha dado en los últimos años un salto gigantesco en el escenario de la economía global, un escenario, por cierto, lleno de asimetrías.

Bernard Miége es otro de los estudiosos que aborda el tema con una perspectiva que, al parecer, se propone una integración teórica más amplia al involucrar en su problematización otros factores necesarios de considerar y a los cuales les otorga una dimensión mayor. Entre ellos, dicho autor destaca el proceso de industrialización. Reconoce que las TIC’s aparecen, más que nunca, como “la condición y el vector de un nuevo impulso de la industrialización de la información y la cultura” (Martín Becerra, “Las Múltiples Dimensiones del Orden Infocomunicacional” (entrevista con Bernard Miége), en Boletín INCOM, Portal de la Comunicación, Universidad Autónoma de Barcelona, octubrenoviembre del 2002, en www.portalcom.uab.), en un proceso en el cual “de ser bienes estratégicos”, estos dos ámbitos “se convirtieron en bienes económicos que, distribuidos en mercados, han venido dando lugar a operaciones productivas. Esta característica se reforzó en los últimos veinticinco años; la producción de la información y la cultura se efectúan cada vez más sobre bases industriales, aunque por supuesto, no toda la información circulante está incluida en el mercado de producción industrializada” (Martín Becerra, “Las Industrias Culturales ante la ‘Revolución Informacional’ (entrevista con Bernard Miége), en Voces y Culturas núm. 14, Barcelona, 1998, p. 147.).

Por otra parte, Bernard Miége -quien sostiene que la sociedad actual sigue siendo industrial- confirma la importancia estratégica de la información y de las TIC’s en su papel productor de valor. Señala que la información se presenta de múltiples maneras en las actividades productivas, “tanto para acercar la cadena de producción al consumidor final como para reducir las demoras en la respuesta, gestionar los sectores parcialmente autonomizados, deslocalizar la producción que exige una mano de obra numerosa, etcétera, pero también para organizar de forma distinta el trabajo y gestionar las relaciones laborales, es decir, para transformarlo a la vez en menos corporativo y más productivo”. Miége enfatiza la conveniencia de mirar no sólo hacia el papel de productoras de valor de las TIC’s, sino también revisar su inserción y desarrollo en los intercambios sociales, enfoque que ofrecería un acercamiento distinto al fenómeno.

Como se aprecia a partir de la breve revisión anterior sobre algunos de los aspectos del problema, es claro que el papel de las TIC’s, y en particular de las telecomunicaciones en la economía global es un tema aún poco explorado, que ofrece múltiples puntos de estudio para la economía política de la comunicación, que en la relación entre el desarrollo de las telecomunicaciones y la globalización tiene una importante veta de análisis.

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