La Sociedad del Mercado de la Información

 

El “discurso promocional” de la Sociedad de la Información continúa en ascenso. Los primeros años del siglo XXI serán decisivos del rumbo de un proyecto para edificar el futuro que a partir de lo que ocurra, pudiera quedarse en una utopía más, en espacio de realización de aspiraciones sociales o, al menos, en una concesión de la historia y la economía para aproximarse a una sociedad más igualitaria.

Inteligencia de Mercados
Inteligencia de Mercados

En la medida en que tal discurso se amplifica las expectativas crecen, ante la promesa de cambios radicales en la forma de vida. Gobiernos y empresas se involucran en la tarea de construir la Sociedad de la Información a corto plazo y buscan acelerar el proceso. En el sector de las telecomunicaciones, comienzan a surgir en el panorama planteamientos de políticas funcionales para la expansión de los mercados del futuro. Ante la importancia recobrada por el tema, la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Internacional de Telecomunicaciones deciden intervenir en la discusión, primero al nivel de pretender influir para que se arribe a principios universales sobre su naturaleza y objetivos y después, en una segunda fase, para revisar el desarrollo de las Sociedades de la Información en el mundo.(En diciembre del 2003, la ONU y la UIT realizaron en Ginebra, Suiza, la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, con la asistencia de jefes de Estado, ministros, líderes de las industrias de telecomunicaciones e informática y representantes de organizaciones no gubernamentales. En una segunda fase (Túnez, 2005), la reunión girará en torno al desarrollo de las sociedades de información en el mundo.)

Mas, ante el auge y vigor que ha tomado de nuevo el tema, es preciso plantearse dos preguntas esenciales: ¿qué Sociedad de la Información se está diseñando y se busca construir? , y ¿ para quiénes?

A partir de la revisión de los escenarios contextuales que despliega el fenómeno, así como del sentido del incipiente despliegue de los actores que intervienen en el proceso, es posible vislumbrar respuestas tentativas.

Lejos de las anticipaciones de la Sociedad de la Información que fascinan al gran público están las razones estructurales que explican el fenómeno, presididas por una necesidad incuestionable y, aunque de modo encubierto, por todos reconocida: la urgencia de la restructuración capitalista de un pulmón de oxígeno para buscar salir de la crisis por la que atraviesa desde hace años. Julio Linares y Francisco Ortiz Chaparro señalan lo anterior en los términos siguientes, a propósito de “las razones del nuevo impulso” de la Sociedad de la Información: “

Varias son las razones que han contribuido al despertar de este nuevo mundo (…) Pero quizá y por encima de todas (está) una necesidad, la necesidad de encontrar un proyecto de suficiente impacto industrial y social que sirva para dar un impulso global, que genere crecimiento y empleo.”(Julio Linares y Francisco Ortiz Chaparro, op. cit., p. 23.)

La Sociedad del Mercado de la Información bien pudiera constituir tal proyecto, funcional para vigorizar al sistema económico, con un impulso al desarrollo de las fuerzas productivas, a través de las TIC’s en general y de las telecomunicaciones en particular y a partir de políticas orientadas hacia tal fin.

Es claro que para construir la Sociedad de la Información, esa promesa del futuro, se requerirá de una importante infraestructura de telecomunicaciones, tanto a nivel de los Estados nacionales como mundial, para una vinculación a nivel global. Como es de entenderse, la instalación de tales infraestructuras nacionales – que serán soportes de todo tipo de información y sus combinaciones posibles -, requerirá de grandes inversiones y movimiento de capitales, al igual que la producción de contenidos y la prestación de una amplia variedad de servicios asociados. De ahí que en los tiempos que corren, los grandes consorcios de telecomunicaciones estén interesados en asegurar sus cuotas en el nuevo escenario de mercado.

Adicionalmente, desde ahora dichas empresas están influyendo en las formas de uso, apropiación y circulación de las TIC’S, al promover entre los usuarios las aplicaciones individuales de entretenimiento, comercio electrónico y compra de servicios de información, por encima de otros usos posibles, entre ellos, los colectivos.

Sin embargo, dadas las ventajas económicas que crecientemente ofrecerá la convergencia, como lo explica Martín Becerra (Véase Martín Becerra, “El Acceso en la Sociedad Informacional. Cuando la Abundancia Produce Escasez”, en Revista Trampas de la Comunicación y la Cultura, Núm. 4, agosto 2002, Universidad de la Plata, Argentina, pp. 13-18.), en términos de la disminución exponencial del costo de producir, procesar y transmitir información a escala industrial y masiva, y el incremento en la capacidad de producir, procesar, almacenar y enviar volúmenes de información cada vez mayores en menos tiempo, a través de la “digitalización” de los “paquetes” de información y comunicación, es explicable el interés que están virtiendo en el proyecto de lo que se plantea como la Sociedad de la Información varios actores posiblemente beneficiados.

Surgidos en el entorno de las fuerzas que habían venido pugnando por políticas para las telecomunicaciones proclives a la liberalización y la desregulación, en consecuencia, el proyecto de la Sociedad de la Información comienza a aparecer orientado por la lógica del mercado y de la competencia, que privan en un escenario en el que está brotando una generación tecnológica mayormente sofisticada en el sector de la información.

Ello se hizo evidente en las discusiones realizadas en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, llevada a cabo en diciembre del 2003 en Ginebra, Suiza, en cuyos documentos finales, particularmente el Plan de Acción, donde se aprecia el interés de los gobiernos participantes en los temas vinculados a las TIC’s de acuerdo con un modelo de desarrollo para la Sociedad de la Información orientado al mercado.(Véase http://www.itu.int/wsis, Plan de Acción.) Otro sesgo significativo en ese sentido fue el de la participación del sector privado en la Cumbre, donde, a diferencia de otras reuniones organizadas por la ONU, fue reconocido como otro actor fundamental en la problemática respectiva.

De seguir la tendencia mencionada, el proyecto de la Sociedad de la Información y el Conocimiento corre el riesgo de traducirse, como de una u otra forma lo sugieren diversos autores, en la Sociedad del Mercado de la Información, que podría definirse como una estructura social oligopolística que, funcionando de acuerdo a las leyes y lógicas de la rentabilidad imperantes en el capitalismo globalizado, configura a las TIC’s como segmentos de diferentes estándares técnicos, capacidades tecnológicas y niveles de calidad para, a partir de las mismas, ofrecer servicios bajo modelos de negocio que se dirigen a un mercado diversificado en términos de poder adquisitivo, usos empresariales y prácticas sociales y culturales de las tecnologías de la información y la comunicación.

Por lo pronto, el desarrollo de la Sociedad de la Información parece orientarse hacia ese sentido, en el marco de una estructura de concentración del sector de las telecomunicaciones por un reducido número de consorcios.

Tal es, en los tiempos que corren, la perspectiva que se presenta.

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