El “discurso promocional” de la Sociedad de la Información

 

¿Cuáles son los rasgos fundamentales del discurso generalizado al que se ha hecho referencia, que en nuestra opinión podría denominarse el “discurso promocional” de la Sociedad de la Información? Para efectos de este apartado, que busca comprender la naturaleza, alcances e implicaciones de tal discurso para las políticas de telecomunicaciones y la construcción de la nueva estructura social, resulta útil identificar cinco representaciones esenciales que nutren tal relato y que, en una apreciación general, desde la perspectiva de este trabajo son las siguientes:

Sociedad de la Información
Sociedad de la Información

a) La Sociedad de la Información o el paso al progreso

Quizás ésta constituya la representación medular de la visión sobre la Sociedad de la Información que se ha venido entronizando en el gran público. Con un notable paralelismo, que no es gratuito, con la tesis de la modernización (en auge en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial), a la cual ofrece continuidad, el argumento central de esta noción, basado en un entendimiento lineal de la historia y el ininterrumpido camino de los pueblos en búsqueda de “la verdad” y el bienestar, no es nuevo . Se remonta siglos atrás, cuando a fines del siglo XVIII, con el avance de la ciencia y la tecnología, el porvenir comienza a percibirse como predecible y en consecuencia, la noción se progreso se erige como lo alcanzable, lo próximo, como una gran categoría que articula los esfuerzos de la sociedad. Así, “la ciencia y la tecnología impactan a las sociedades como disparadores de una mayor productividad y competitividad económica, y al final, de progreso social” (Véase Josefa Santos y Rodrigo Díaz, El análisis del poder en la relación tecnología y cultura: una perspectiva antropológica (en prensa), 2003.).

Vinculadas con los proyectos de desarrollo socioeconómico de los países considerados en aquel momento “en vías de desarrollo” – que eran proyectos de fomento a la industrialización, a la educación y el acceso a la comunicación masiva, entre otros-, las teorías de la modernización enarbolaron a la tecnología como el factor determinante del cambio social y el camino al progreso.

La fuente de tales nociones era la “teoría del desarrollo” (llamada después por sus distorsiones “desarrollismo”), propuesta por la sociología norteamericana para abordar el papel de la información y la comunicación en los procesos de desarrollo. Uno de sus enfoques fue el llamado difusionismo, “que entendía el desarrollo como un resultado de la difusión de ideas y elementos culturales desde los países desarrollados hacia los subdesarrollados” (Véase Josep Gifreu, El debate internacional de la comunicación, op. cit., pp. 52-54.).

Como se sabe, tal escuela, de influencia considerable en los cincuenta y sesenta – con impacto incluso en la actividad de investigación de instituciones de peso en el ámbito del estudio de la comunicación como el CIESPAL, fundado en 1959 en Quito -, puso énfasis en el protagonismo de los medios de información y comunicación para transformar la sociedad y “provocar” el desarrollo y la modernización de manera casi mecánica. Según esta teoría, la difusión de la innovación haría posible el paso de la “sociedad tradicional” a la “moderna”.

de la Información= progreso también se nutre de otra significativa vertiente: la creencia de la comunicación a distancia como redentora (Véase Armand Mattelart, Historia de la utopía planetaria, Barcelona, Paidós, 2000 p. 153.), que impone la trilogía comunicación/máquina/progreso. Como un supuesto comúnmente aceptado al paso de cada generación técnica, una y otra vez se retoma el discurso de garantía de la llegada de la democracia, la justicia social y la prosperidad, un discurso que empezó con las pretendidas capacidades del ferrocarril para propiciar la democracia y que hoy atribuye posibilidades parecidas a las TIC’s.

La Sociedad de la Información como la vía garantizada de paso al progreso es asimismo uno de los supuestos básicos en los que se apoya la “postura entusiasta” ante la sociedad por venir, de amplio despliegue, encabezada a nivel internacional por Nicholas Negroponte y secundada por una estela de seguidores que postulan que la “nueva sociedad” no está por llegar, sino que el mundo ya está inmerso en ella.

b) La Sociedad de la Información o la sociedad de la tecnología

La tecnología como la fuerza motriz de la historia es la base de la cual parte esta noción, estrechamente unida a la arriba anotada del papel “redentor” atribuido a las TIC’s. Existe un claro trasfondo de determinismo tecnológico en la propuesta de que una sociedad avanzada (la Sociedad de la Información) se define en buena medida por la presencia tecnológica y su impacto en la sociedad.

Tal suposición, como también la que adjudica un poder importante a la tecnología para cambiar la historia, de acuerdo con Marx y Smith , constituye para los individuos de las sociedades modernizadas verdades indudables y comúnmente aceptadas, en lo que viene a ser “otro rasgo de la vida moderna, un hecho evidente que no requiere más comentarios que la tendencia del hombre a respirar”.(Leo Marx y Merrit Roe Smith, Historia y determinismo tecnológico, Massachusetts Institute of Technology (MIT), Madrid, Alianza Editorial, 1996, p. 11.)

De hecho, como anotan los mencionados autores, la sensación de poder de la tecnología como agente crucial de cambio para la sociedad ocupa un destacado lugar en la cultura de la modernidad, y “pertenece al acervo de conocimientos tácitos compartidos” en la sociedad. El énfasis en la importancia de los artefactos materiales y en los cambios que se supone habrán de generar ha permeado la memoria colectiva por siglos, reflejándose en un sinfín de episodios ilustrativos, además de propiciar la existencia de una percepción social de la tecnología como una entidad independiente y agente de cambio casi autónomo. A ello se suma la proclividad a creer que la innovación tecnológica plasma el futuro elegido por la sociedad.

Resalta por su ausencia en tal discurso, que plantea una sociedad guiada por la tecnología, la dimensión cultural y simbólica de la misma, cuya importancia para los procesos de innovación y desarrollo tecnológico, así como en los de tipo productivo, económico y social es hoy ampliamente reconocida, en buena medida a partir de los hallazgos de la investigación de la social construction of technology, uno de los ámbitos más influyentes en la actualidad en el campo de los estudios sociales de la tecnología.(Dentro del vasto campo teórico de la concepción interpretativa de la innovación tecnológica, la “construcción social de la tecnología” constituye una importante corriente que surgió a partir de la confluencia de la sociología de la ciencia y la historia de la tecnología a principios de los ochenta , en oposición al determinismo tecnológico y que postula esencialmente que los procesos sociales influyen de modo importante en la significación y contenidos de la tecnología. Véase el trabajo fundacional de tal vertiente, The social construction of technologycal systems, W. Bilker, T. Hughes y T. Pinch, Cambridge, Mass., The MIT Press, 1987.)

c) La Sociedad de la Información, un fenómeno de advenimiento

En el “discurso promocional” de la Sociedad de la Información destaca asimismo y a partir de la representación anterior, la idea del arribo “inexorable” de una nueva sociedad por obra y gracia de la tecnología. De este modo, el desarrollo tecnológico parece ser una suerte de Deus ex machina, un artilugio que pareciera salir de la nada pero que conlleva consecuencias “inevitables”, dada la alta eficacia causal que se le atribuye.

Esta representación, presente en el pensamiento de varios de los teóricos que desde una visión lineal de la historia abordan el tema, ha hecho aparecer a la Sociedad de la Información como la inequívoca resultante del tránsito hacia el progreso y no de la existencia de una determinada formación socioeconómica, política y cultural que emerge del juego de fuerzas específicas, como lo hace ver la economía política.

En este sentido, a la par del análisis de los factores que explican la configuración del fenómeno, sería útil darse a la búsqueda de los antecedentes conceptuales de la Sociedad de la Información – tarea a la que pocos se han dedicado pero que demuestra que las nociones que la nutren no son tan recientes como parecen (Entre ellos se encuentra, como bien se sabe, Armand Mattelart , quien puntualiza, por ejemplo, que las representaciones de “la salvación del mundo” por la tecnología y el ideal de la integración de las diferentes sociedades son incluso anteriores a la cultura de la modernidad, al igual que el concepto de información en la lengua. Véase Historia de la utopía planetaria, op. cit..), y que, por el contrario, expresan una continuidad histórica.

d) La Sociedad de la Información como proyecto universal

Hoy más que nunca antes, desde el discurso apologético de la Sociedad de la Información, los grandes instrumentos de la tecnología de la comunicación harán alcanzable otro de los anhelos de la sociedad humana a través de los tiempos: la unificación .

Se trata de una visión que se hizo evidente desde los viajes de descubrimiento y a partir del Renacimiento, y que confía en que la suma de los fragmentos se realice y consume las aspiraciones vertidas en el ágora platónica y las comunidades cristianas originarias.

La idea de un destino común para la población mundial no es, por tanto, reciente; atraviesa incluso el pensamiento utópico. Sin embargo, esa vieja idea se ha visto acompañada desde hace mucho tiempo – a partir del siglo XVI-, por el proyecto de expansión del capitalismo a Occidente. Si a fines del XVIII Adam Smith proponía una “República mercantil universal” y en el XIX los partidarios del libre cambio se referían a la “fraternidad internacional”, sería en el XX cuando las redes técnicas sugieren la existencia de un mundo interconectado.

Justamente el avance del poder económico que, de frente a una nueva división del trabajo, requería la vinculación de los mercados nacionales, era el proceso que impulsaba el movimiento que conduce a la unificación. Hoy, bajo el supuesto de que mientras más interconectado esté, el mundo será más próspero, tras la tesis de la consumación de la “aldea global” y de un nuevo universalismo, se imponen las reglas de un orden económico que requiere de mercados tras fronteras para expandirse, y al cual le resulta favorable presentar el despliegue de las TIC’s como la realización del sueño de un mundo conectado, traducido ello en nociones como la de “la gran familia humana” que luego son vaciadas al concepto de Sociedad de la Información.

e) La Sociedad de la Información o la sociedad sin ideologías

Otro rasgo común que proyectan las nociones que integran el discurso generalizado de la Sociedad de la Información es el que apunta hacia una supuesta “asepticidad” de tal estadio en términos de pensamiento político. Pretendidamente neutral por estar cimentada en la ciencia y la tecnología, la Sociedad de la Información promete la democracia en términos del acceso de “todo ciudadano” a sus grandes recursos.

Apoyándose en la conocida tesis del “discurso de los fines” (fin de lo político, de lo social, y por tanto, de lo ideológico), que se gestara en los años sesenta y cobrara impulso a partir de la disolución de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín y el ingreso del otrora bloque socialista a la economía de mercado, la Sociedad de la Información se presenta como el espacio del fin de la historia, como una sociedad en la que, gracias a la tecnología avanzada, no habrá grandes conflictos ni confrontaciones sociales, sino soluciones técnicas. Una sociedad que vendrá a ser, en la expresión de uno de los ideólogos representativos de la “tesis de los fines”, “el punto final de la evolución ideológica del hombre”. (Véase F. Fukuyama, El fin de la historia, México, Planeta, 1992.)

Así pues, la Sociedad de la Información constituye el sitio privilegiado de la transparencia y el libre acceso a las TIC’s. Un estadio al cual podrá ingresar todo ciudadano gracias a la ruta ascendente de la especie humana, pero también y sobre todo, al triunfo de la democracia occidental que, apoyándose en los mecanismos del mercado, ha logrado que “la humanidad” dé el salto y trascienda a la historia.

Esta vertiente, nacida desde luego a partir del debate teórico del “fin de las ideologías” -que en los setenta, concentrado en un grupo de intelectuales, certificara la desaparición de la lucha de clases en las grandes democracias occidentales-, deriva en la legitimación del orden político-social que, a pesar de las “predicciones” del “discurso de los fines”, está exacerbando los desequilibrios económicos y sociales existentes.

Resultaría extenso citar algunas de las expresiones típicas de la visión del mundo del “fin de las ideologías” trasladada al discurso global de la Sociedad de la Información. Baste con señalar que desde tal perspectiva, el “capitalismo libre de fricción” – en palabras de Bill Gates-, será el que auspicie una sociedad histórica y sin ideología, cuya legitimidad radicará únicamente en el saber.

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