¿Cómo detectar y prevenir los suicidios en los alumnos dentro y fuera de la escuela?

 
Depresión y suicidio
Depresión y suicidio

En esta ocasión les presentamos el tema de prevención del suicidio de niños y adolescentes en las escuelas. En los últimos años, y con el esparcimiento de las noticias a gran velocidad, incluso en tiempo real, se han conocido muchos casos de niños y adolescentes que atentan contra su vida. Existen estadísticas que hacen del suicidio o del comportamiento suicida un problema de salud mental y problema de salud pública de primordial importancia.
En este espacio queremos ofrecer información, proponer y escuchar que es lo que se está haciendo o dejando de hacer en las escuela con respecto a este tema, ya que muchos de nosotros como docentes, directores o miembros de una comunidad educativa creemos que nuestras escuelas serán instituciones de aprendizaje seguras, tomando en cuenta que en los últimos 25 años, el suicidio de adolescentes ha llegado a ser un problema de salud pública significante (Fineran, 2012).
Como profesores o directores, tenemos la responsabilidad de servir y ayudar a los estudiantes y al personal de la escuela.
Usted como profesor o profesora, ¿qué puede hacer para prevenir este tipo de casos dentro de su escuela o en su círculo de amigos o familiares?
Fineran (2012) nos explica que situaciones de crisis no anticipadas en las escuelas pueden crear caos que afectará la seguridad y estabilidad de una escuela entera.
De acuerdo a Keith A. King (2001), desde 1950, la taza de suicidio entre los adolescentes se han triplicado y se encuentra como la tercera causa de muerte en personas entre 15 a 24 años, y es la quinta causa de muerte entre niños de 5 a 14 años (Miller, 2009). En muchos países, el raiting de suicidios se encuentra en las 10 principales causas de muerte (Leenaars, Antoon, et al, 2000). Por su parte, la Organización Mundial de la Salud estimó que en año 2000, un millón de personas en el mundo cometería suicidio anualmente. Sin embargo, Siehl (1990) dice que muchos de los suicidios no son clasificados como tal, ya que son considerados como accidentes o muertes atribuidas a causas desconocidas.
Miller (2009) nos dice que en los años recientes, más gente joven muere por suicidio que por cáncer, enfermedades del corazón, SIDA/VIH, defectos congénitos de nacimiento, diabetes y otras condiciones médicas combinadas.
“Comúnmente se estimaba que al menos 10 millones de personas estarían sufriendo de comportamientos suicidas (intento de suicidio, parasuicidio, o auto flagelamiento deliberado)” (Leenaars, Antoon, et al, 2000).
De acuerdo a Fineran (2012), mientras los desórdenes psiquiátricos incluyen estados de ánimo, ansiedad, abuso de sustancias, entre otras que son comunes entre los jóvenes que intentan suicidio, el 40% de las personas que se suicidan son menores de 16 años que no padecen ningún desorden psiquiátrico y que no es fácilmente distinguido como una persona con tendencias suicidas.
Miller explica que el “Comportamiento de Suicidio” no está conceptualizado sólo al suicidio en sí, sino también incluye ideas de suicidio e intentos de suicidio. Este comportamiento, nos comenta, afecta a miles de niños, adolescentes y familiares cada año.
Horowitz y Ballard (2009) nos comentan que en muchas ocasiones no existen o no se cuentan con profesionales dentro de las instituciones educativas que puedan hacer un seguimiento o evaluación de los alumnos, por lo que proponen que las escuelas deban tener herramientas de selección que puedan ser usadas para detectar los potenciales casos de alumnos con tendencias al suicidio y darles su correcto seguimiento.
Miller (2009) expone que debe establecerse un Modelo de Salud Pública el cual debe tener particular relevancia en las escuelas y debe incluir:

  1. Aplicar evidencia científica a la entrega de servicios psicológicos
  2. Fortalecer el comportamiento positivo en vez de enfocarse exclusivamente en disminuir el comportamiento del problema.
  3. Enfatizar la colaboración comunitaria y los servicios relacionados.
  4. Usar estrategias de investigación apropiadas para mejorar la base del conocimiento y evaluar efectivamente los servicios de psicología de las escuelas.

Asimismo, Leenaars (2000) explica que hay 2 principales estrategias para la prevención del suicidio: El tratamiento clínico para las personas con tendencias suicidas (mediante medicación, psicoterapia y hospitalización) y el establecimiento de centros de prevención del suicidio y programas comunitarios (por ejemplo programas de prevención y conciencia en las escuelas).
Keith propone que los programas de prevención del suicidio en las escuelas deberían incluir componentes primarios (evaluación por depresión es comúnmente un enfoque de la prevención del suicidio), secundarios y terciarios de prevención.
Horowitz y Ballard (2009) expone dos enfoques para la evaluación de los casos. El primer enfoque que plantea es la evaluación universal (grupal) la cual involucra pruebas a todos los alumnos para determinar los riesgos individuales de cada alumno lo cual serviría para clasificarlos si tienen o no tienen condiciones o desórdenes particulares como por ejemplo evaluación de todos los alumnos que perdieron a un familiar cercano, alumnos que son parte de un proceso de divorcio de sus padres, alumnos pertenecientes a padres o madres solteras, alumnos que no cuenten con sus padres, alumnos con problemas de drogadicción o alcoholismo, etc.
El segundo enfoque, de acuerdo a Horowitz y Ballard (2009), es la evaluación específica (individual) de cada alumno, en el cual a cada individuo se le aplica una prueba solo a los alumnos que manifiesten síntomas particulares o factores de riesgo como alumnos con problemas de abuso de sustancias con riesgo de suicidio, etc.
Horowitz y Ballard (2009) nos comentan que debemos poner especial atención es en los riesgos de suicidio por depresión, aunque sin embargo, más del 20% de los casos de suicidio ocurren en personas sin ningún diagnóstico de depresión. Aun así, las herramientas de evaluación para la depresión u otros desórdenes del estado de ánimo no deben dejar fuera otras posibilidades o riesgos que puedan llevar al suicidio.
Hallfors propone usar el SRS (Evaluación del Riesgo de Suicido, por sus siglas en inglés). También Horowitz y Ballard expresan que existen otras herramientas como el SOS (programa de Señales de Suicidio por sus siglas en inglés). Otra herramienta es el RSQ (Cuestionario de Riesgo de Suicidio por sus siglas en inglés)
Por otro lado, Leenaars (2000) expone otro enfoque para la prevención del suicidio: El control del ambiente que rodea a las personas con tendencias suicidas para evitar que se hagan daño. Algunas de las recomendaciones que ofrece es evitar tener en las aulas de clase, en la misma escuela o en casa: sustancias tóxicas, control de armas de fuego y armas punzocortantes, habitaciones y lugares seguros como corredores con barandales, etc.
Fineran (2012) propone la idea de Consejeros, los cuales tendrán el rol de proveer dirección en situaciones de crisis, ya que será el primero en proveer dirección durante y después de un incidente. Además, explica que el rol de consejero es esencial y que debe estar preparado no solo para reconocer los factores de riesgo para poder prevenir el suicidio, sino también debe estar preparado para tomar el liderazgo en el caso de que se lleve a cabo el suicidio por parte de un alumno.
Además, los concejeros escolares pueden desarrollar procedimientos para la intervención de crisis debido a que están familiarizados con el sistema de la escuela, tienen las habilidades de liderazgo necesario y la coordinación.
Es importante, según Fineran (2012) que las escuelas tengan definido un plan de acción que servirá en caso de que se realice un suicidio dentro de la institución educativa. Asimismo, explica que es imperativo que las escuelas pongan énfasis en la importancia de desarrollar este plan en el caso de que un estudiante se suicide, además de que la escuela debe estar preparada para esos casos.
Otro punto importante, es el que hacer después de que en nuestra institución educativa se haya realizado un suicidio. Las actividades posteriores son aquellas que toman lugar después de que el suicidio ocurra y deben ir enfocadas a intervenciones planificadas para asistir a los sobrevivientes después del suicidio. Según, Fineran (2012) las estrategias deben ser desarrolladas, distribuidas y entendidas por todos los miembros de la institución educativa.
Estas actividades posteriores deben enfocarse en:

  1. Proveer ayuda para minimizar la angustia emocional de los sobrevivientes
  2. Reducir la probabilidad de que existan otros alumnos que quieran imitar el o los actos suicidas.
  3. Ayudar a regresar la escuela a la rutina normal.

Ustedes, ¿qué propondrían como medida de prevención del suicidio?

Bibliografía
King, K. A. (2001). Developing a comprehensive school suicide prevention program. Journal of School Health, 71(4), 132-137.

Horowitz, L. M., & Ballard, E. D. (2009). Suicide screening in schools, primary care and emergency departments. Current opinion in pediatrics, 21(5), 620.

Miller, D. N., Eckert, T. L., & Mazza, J. J. (2009). Suicide prevention programs in the schools: A review and public health perspective. School Psychology Review, 38(2), 168.

Leenaars, A., Cantor, C., Connolly, J., EchoHawk, M., Gailiene, D., He, Z. X., … & Schlebusch, L. (2000). Controlling the environment to prevent suicide: international perspectives. The Canadian Journal of Psychiatry, 45(7), 639-644.

Fineran, K. R. (2012). Suicide postvention in schools: The role of the school counselor. Journal of Professional Counseling, Practice, Theory, & Research, 39(2), 14.

One Comment

¿Qué te pareció este post? Ayuda a mejorarlo con tus obervaciones

¡Para continuar regalanos un LIKE!

Para continuar viendo la información dale Like aquí abajo y esta ventana se cerrará automáticamente en 5 segundos…

Visit Us On FacebookVisit Us On TwitterVisit Us On Google PlusVisit Us On LinkedinVisit Us On YoutubeVisit Us On Pinterest